Enmascarada

Desde el pasado 11 de febrero, Venecia está de Carnaval, su gran fiesta, concentrándose el próximo fin de semana la mayor actividad antes de acabar el día 21, con la llegada del miércoles de ceniza.

El símbolo principal del Carnevale es la máscara, que tiene su origen en la que se utilizaba hace siglos para proteger la identidad del que la llevaba. Mediante estas máscaras -hechas originalmente de papel maché, casi siempre en color blanco, y decoradas con cuero, tejidos, plumas o gemas- en la República de Venecia se disfrutaba de una curiosa igualdad, pues detrás de ellas todos eran semejantes, tanto el noble como el plebeyo. Así, las usaba la nobleza para mezclarse tranquilamente con el resto del pueblo, los mercaderes para hacer negocios que preferían mantener en el anonimato, o cualquiera para participar en juegos de azar o desatar sus pasiones más promiscuas y decadentes, que en esta pequeña y próspera ciudad eran ampliamente aceptadas.

Los muchos excesos que con esta libertad se dieron, acabaron por limitar el uso de las máscaras, llegando incluso a la prohibición por Napoleón o Mussolini. Afortunadamente, en 1979 se recuperó esta tradición con el formato del Carnaval que hoy conocemos, y gracias a esta festividad se ha recuperado también el arte y oficio de las mascheras, que se acompañan con trabajadísimos y coloridos ropajes transportando durante unos días a Venecia y sus gentes unos siglos atrás.

Aprovecho para publicar junto con esta entrada 25 fotos del Carnevale del año pasado, que podéis ver aquí. La que ilustra la entrada es Myriam Melhem, de Niza, y la he escogido por el impresionante vestido y por esos bonitos ojos que la máscara permite ver; una pena no ver el resto del rostro ¿verdad? ¿O quizá mejor así y dar rienda suelta a la imaginación? Por ahí anda el juego.

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